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Salario Universal

En este primer relato viajaremos directo al 2050. En este futuro, conoceremos a una sociedad que tiene un salario universal, monitoreo de su salud las 24 horas y leyes para robots y humanos.

–Oh, qué cólera, qué maldita cólera.

El tintineo del segundero en el reloj electrónico gigante de su pared le restaba vida a su cuerpo y tiempo a su existencia.

–Todo este tiempo que tuve, todos estos días que vi, ¿para qué? Para nada.

Su cuerpo se movía aun con facilidad por el cuarto. Se sentía como en una obra de teatro. Creía ser Hamlet(1), creía ser Edipo(2). Pero hoy no era ellos, hoy era él y la historia que se narraba era la suya.

–Más de setenta años, aunque seamos sinceros: eso es apenas un punto en la historia del universo. Pero, eso sí los sentí como si hubieran sido una eternidad. Aunque, ¿a quién engaño? igual no pude hacer nada valioso.

Nueve años antes, en el 2041, la revolución de los robots apenas empezaba, pero ya las repercusiones eran inimaginables. Ni siquiera el gran visionario y empresario del planeta Robert Plant había imaginado los alcances y la rapidez con la que el mundo iba a cambiar. En aquella ocasión tan solo había alcanzado a divisar que el trabajo como se conocía hasta entonces iba a dejar de existir.

Pero no fue sino hasta el siete de abril del 2050, cuando la historia de la humanidad se partió para siempre en un antes y un después.

Después de muchos días de debates, votaciones y largas conversaciones dentro de la Naciones Unidas en Nueva York, por fin se llegó a un consenso. Los cabildantes estaban ya con la cola dormida de tanto buscar la bendita unanimidad, hasta que por fin, ya con el espacio oliendo a sudor humano y aceite robótico, la presidente de la junta se levantó, tras contar de nuevo los votos, y dijo con la felicidad estampada en su cara: “Es oficial, los tres nuevos pilares de la humanidad están aprobados. Señoras y señores, humanos y robots, oigan bien, este siete de abril será para siempre el día más importante en la historia del planeta tierra”.

¿Cuáles eran esos tres pilares? Primero un Salario Universal. Con la automatización de los trabajos ya no había necesidad de contratar mano humana. Es más, la pobreza había arrasado con muchas familias en el mundo porque ya no encontraban qué hacer, qué comer y dónde vivir. Por eso, se creó ese primer pilar: todos los seres humanos iban a recibir un mismo subsidio con el cual podrían vivir el resto de sus vidas sin preocupaciones. El segundo pilar era: ley para todos, humanos o robots, y decía que aquel que destruya un robot, tendría que pagar tiempo dentro de la cárcel y si un robot hacía lo mismo con un humano, sería desactivado para siempre. Por último, y este era el que más se había peleado, todas las personas podrían saber en tiempo real su estado de salud y su tiempo restante antes de la muerte.

Por eso, cuando en el cuarto de su casa se activó el reloj electrónico de la vida y pudo por fin ver que tan solo le quedaban otros treinta años de vida, a Jerónimo se le metió en sus venas la desesperanza como si fuera un río que fluye para conectarse con el mar.

Desde hace diez años se había puesto a la tarea de terminar su primera obra literaria. Un compendio de cuatro volúmenes que contaba la genealogía de su familia. Hasta el día de hoy, cuando el reloj se prendió, tan solo llevaba tres mil páginas. Pero esta no era su única tarea, también había intentado crear su propio jardín, el cual, para ser honestos, era bastante lindo. Pero para él, todavía no era suficiente. Por último, cinco años antes, había decidido tener un primogénito, pero esta era, de las tres, la tarea menos desarrollada.

–Esto me pasa por andar de teatro en teatro. Viendo un sinfín de obras que no me dejaron sentarme a escribir. Esto me pasa por andar como Dionisio(3), dedicado al placer, a buscar, supuestamente, primero engrandecer mi alma y después sí hacer. ¿En qué puedo decir que me diferencio de mis padres? En absolutamente nada. Ellos por lo menos tuvieron hijos. ¿Yo qué? Perdido en mis amoríos fugaces, nunca pude encontrar alguien o algunos que quisieran tener este plan de vida conmigo.

Su voz se confundía con sollozos. Su tristeza, a fin de cuentas, terminó siéndole fiel a sus ataques de pánico y a su ansiedad de pensar que se podría morir sin dejar nada, sin dejar obra.

–¡Alexa! –Gritó desesperado–

–Jerónimo –respondió ella mientras sus pequeños ojos azules se abrían de un gran letargo–

–¿Quieres tener un hijo conmigo?

–Lastimosamente, esa no es una función que puedo realizar. Pero si así lo deseas puedo hacer una búsqueda rápida de quién estaría, en la redonda, dispuesto a ayudarte con eso.

–Alexa, por favor, no tengo el tiempo para eso. ¿Es que acaso no ves que me estoy muriendo?

–Según tus signos vitales todo está en orden.

Jerónimo se dio cuenta de que no tenía sentido seguir perdiendo el tiempo así. Había que ponerse a trabajar. Aún ansioso, se sentó a leer las tres mil páginas que llevaba escritas, pero no lograba concentrarse, solo podía pensar en que le quedaban treinta años para morir.

–Bueno, qué más da. –Se sentó en su cama y le volvió a hablar a Alexa.

–Alexa.

–Jerónimo.

–Por favor pon en la pared el primer capítulo de la nueva serie de la que todos están hablando.

–¿Los días de la humanidad?

–Sí, esa misma. ¿Cuántos capítulos tiene?

–Tres mil quinientos.

Y, tratando de olvidar la muerte, tratando de dejar a un lado el tiempo, Jerónimo se acostó, se tapó con la cobija y empezó a ver la serie.

  1. Hamlet es el personaje principal de la obra de Shakespeare, titulada Hamlet. También es reconocido por la frase: “Ser o no ser, esa es la cuestión”.
  2. Edipo es el personaje principal de la tragedia griega de Sófocles, titulada Edipo Rey. También es conocido por el síndrome de Edipo.
  3. Dionisio es el dios del vino y la vida en la mitología griega. Lo suyo era la fiesta y los placeres.
Jerónimo