No hay innovación sin cultura

Se ha vuelto muy común hablar y escuchar sobre “innovación”. Pareciera una palabra cliché que usamos en todo tipo de ambiente -profesional, personal y social- para sonar vanguardistas; muchos hemos caído en esa trampa. Por esta razón, he decidido escribir este artículo con el fin de aterrizar ese término, que en principio significa “un cambio que supone una novedad” y se hace realidad a través de la cultura.

Muchos hemos escuchado la frase: “el activo más importante de las empresas son sus personas”.

La frase es cierta, porque de allí parte todo, una empresa está compuesta principalmente por seres humanos, pero de nada sirve tener muchos o pocos colaboradores si la compañía no cuenta con una cultura definida. Son ellos quienes a través de acciones y comportamientos van adquiriendo hábitos y rasgos que los caracterizan e identifican. Entonces si yo les preguntara a ustedes:

¿Qué diferencia existe entre Amazon y Google?

O, mejor: ¿Es lo mismo entrar en una tienda de Apple que en una de BMW?

Probablemente, ustedes encontrarían en cada una de estas empresas características que las diferencia. Sin embargo, sí tienen algo en común: todas son innovadoras. Por eso quiero referirme a tres componentes que, en mi opinión, conducen a las organizaciones a desarrollar una cultura de innovación acertada y sostenible en el tiempo: la estrategialos líderes y la capacidad de transformación.

Me la creo

La estrategia nace de la convicción y el conocimiento consciente del contexto en el que se desenvuelve una compañía, considerando a todos los grupos de interés, clientes y colaboradores, que le permite identificar el impacto a corto, mediano y largo plazo que se pretende generar. Es así como hoy escuchamos con mayor regularidad el término: “Organizaciones con propósito”, que en principio va compuesto por una declaración, un me la creo y continúa por contagiarse y adoptarse.

No hay barco que se mueva sin líder ni equipo

Ahora bien, ¿dónde está el reto? La respuesta está en los líderes y los equipos. Los primeros, porque su rol visionario cada vez demanda mayores habilidades y capacidades que les permitan guiar con claridad a las organizaciones dentro de un entorno volátil, complejo, incierto y ambiguo (VUCA por sus siglas en inglés), y los segundos, porque son ellos los encargados de hacer realidad la estrategia desde lo táctico, en palabras más sencillas, son los que mueven el barco.En este sentido, los líderes deben de traducir el propósito organizacional a través del ejemplo, los valores, comportamientos y acciones a la hora de guiar a sus equipos, fomentando la movilización de una cultura que personifique la razón de ser de la empresa, y para lograrlo es clave la capacidad de transformación.

Sin cambio no hay movimiento

Ahora bien, ustedes se preguntarán: ¿Cómo se crea la cultura? En mi opinión, comienza por una definición del propósito y los rasgos culturales por los cuales la empresa debería caracterizarse. Siendo esto un proceso interno, profundo y consciente -o no-, que se materializa en acciones concretas que conducen a la compañía a tener una personalidad propia, demostrada tangiblemente en sus comportamientos e interacciones con los grupos de interés. Es en este punto donde adquiere tanta relevancia la gestión del cambio, las formas de trabajo, las metodologías, el pensamiento y los comportamientos que a lo largo del tiempo crean un ADN propio y único.

Con todo lo anterior, quiero concluir diciendo que la cultura es el eje articulador de la estrategia, líderes y equipos, porque a través de esta se soporta la capacidad de transformación que tiene la organización y permite generar un ambiente ideal para innovar, es decir, en la medida en que se tenga una ruta clara (estrategia), existan valores y comportamientos adquiridos por los líderes que efectivamente sean fomentados con sus equipos, se darán todas las condiciones para la existencia de un ambiente libre y seguro para que los colaboradores propongan cambios que favorezcan la innovación en todas las áreas de la empresa, y positivamente impactar a todos los grupos de interés, en especial a los colaboradores y a los clientes con un mejores condiciones, productos, servicios y experiencias.

Sobre el autor:

Nicolás Vanegas Alzate es abogado y diseñador de experiencias legales en Bancolombia. Este es su segunda columna de opinión en la Bitácora Naranja.

La Bitácora Naranja está abierta para todas las personas que estén interesadas en hablar sobre metodologías de diseño e innovación. Si tienes una propuesta, escríbenos un correo a la siguiente dirección: federico.baraya@haptica.co